Editorial

Las historias se repiten a casi dos semanas desde el embate del huracán Fiona: familias y centros de cuido prolongado en Puerto Rico hacen malabares para poder operar los equipos médicos de los que dependen adultos mayores, incluidas máquinas de oxígeno o alimentación.

El presidente Joe Biden ha puesto de relieve un tema que debería ser central también en Puerto Rico, donde más de la mitad de los menores de 18 años vive bajo el umbral de pobreza: es preciso resolver el problema del hambre y de la malnutrición con estrategias integradas de apoyo a las familias.

En el día que se cumple el aniversario número 50 del hit 3,000 de Roberto Clemente en las Grandes Ligas, el nombre del legendario pelotero boricua vuelve a estar en la discusión pública, evidencia de la relevancia de esta figura histórica en la cultura y sociedad puertorriqueñas.

La administración de Joe Biden ha dado un paso acertado al aprobar una exención, temporal y limitada, en la normativa federal de cabotaje, a fin de que Puerto Rico pueda atender las necesidades inmediatas vinculadas al desastre ocasionado por el huracán Fiona.

En apenas una semana, las furias huracanadas se han ensañado con el Caribe y el Atlántico, dejando una estela de daños por las Antillas y otras jurisdicciones, incluidos desastres mayúsculos en Puerto Rico. Justo cuando la diáspora boricua en Estados Unidos se ha movilizado para proveer su abrazo de siempre a su casa isleña, la fuerza del ciclón Ian amenaza Florida, estado donde radica una amplia población puertorriqueña que se relaciona constantemente con su tierra natal.

La documentación certera y rápida de los daños ocasionados por Fiona es un paso neurálgico en el proceso para reclamar a los programas de asistencia gubernamental y a las aseguradoras. Esta gestión tiene que ser correspondida con la mayor responsabilidad por parte de las entidades públicas y el sector de seguros.

Los daños dramáticos a la agricultura de Puerto Rico, debido al impacto severo del huracán Fiona, hacen imperiosa la coordinación de iniciativas gubernamentales y privadas para lograr la recuperación y el crecimiento de tan vital sector.

Garantizar las operaciones de los hospitales y de otros centros salubristas esenciales para la preservación de la vida, tras el severo impacto del huracán Fiona en Puerto Rico, es una alta prioridad que requiere la colaboración esmerada de los sectores público y privado.

En medio de la carencia de energía eléctrica y del suministro de agua potable en muchos hogares, Puerto Rico enfrenta una emergencia invisible que requiere la movilización inmediata del gobierno junto con el Tercer Sector. Se trata de la niñez, en particular la de la región sur que enfrenta otra vez pérdidas materiales y la suspensión de su educación.

Que más de una tercera parte de los abonados de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) permanezca sin suministro de agua potable a casi una semana desde que el fenómeno Fiona empezó a manifestarse en Puerto Rico, es una experiencia desoladora que de ninguna manera debe repetirse. Las acciones de la corporación para prevenirlo tienen que acelerarse.

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