Obituario
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Antonio Luis Ferré, un hacedor de sueños que siempre estaba a la escucha

Figuras del quehacer socioeconómico destacan las cualidades de Antonio Luis Ferré Ramírez de Arellano que necesitan emularse en el Puerto Rico de hoy

20 de junio de 2024 - 11:40 PM

➡️ Nota del editor: visita el especial “El legado de don Antonio Luis Ferré”, donde repasamos su vida.

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Humanista, hombre de fe, lector voraz, visionario, humilde, siempre a la escucha, siempre padre, siempre esposo, siempre pensando en Puerto Rico.

Tales adjetivos y referencias surgieron una y otra vez durante varias pláticas con personas que trabajaron o interactuaron con don Antonio Luis Ferré Ramírez de Arellano en algún momento de su vida y quienes aseguran que el fundador de El Nuevo Día y Primera Hora era una persona como pocas, cuyo proceder en los negocios, el servicio público, el mundo cultural y educativo e incluso, el político debiera ser objeto de reflexión en el momento histórico que vive Puerto Rico.

“Era un humanista, hombre de fe, muy consciente de la sociedad de la que era parte… era un hombre pragmático, muy prudente, sensible, pero también competidor”, indicó Marisara Pont Marchese.

La experta en Comunicaciones conoció a don Antonio Luis en los días aciagos en que El Nuevo Día pleiteaba con la administración de Pedro Rosselló. A finales de la década de 1990, aquel encuentro para asistirle en el manejo de la difícil coyuntura fue el principio de una amistad que perduró hasta el pasado domingo cuando supo de su partida.

Recordó que don Antonio Luis no perdía ocasión para elogiar a su compañera de vida, Luisa Rangel de Ferré, sobre todo, a la hora de recibir distinciones, por acompañarle en el proyecto familiar y empresarial que acometieron juntos.

Primero Puerto Rico

“Esa lucha por la defensa de la prensa, los demonizó (a don Antonio Luis, la Familia Ferré Rangel y a El Nuevo Día) ante un sector del país”, dijo Pont Marchese en referencia al litigio constitucional por la libertad de prensa en Puerto Rico.

Don Antonio Luis -relató Pont Marchese- era un estadista puertorriqueño, consciente de la necesidad de contribuir al desarrollo de una sociedad educada, con un sentido de pertenencia que sirvió de norte y que le llevó a aceptar encomiendas públicas y cívicas -entre ellas, la presidencia del Consejo de Educación Superior- o entrar en batallas que le colocaron a contracorriente con el orden establecido.

La fotografía fue uno de los pasatiempos favoritos de Don Antonio Luis Ferré.
La fotografía fue uno de los pasatiempos favoritos de Don Antonio Luis Ferré. (El Nuevo Día)

“Hoy es muy difícil encontrar a una persona de negocios que se involucre de verdad en los temas de Puerto Rico”, sostuvo la experta en comunicaciones. “Tenemos una generación de empresarios que se mantiene distante de la cosa pública. Ese sentido de organizarse para ayudar al país, no lo veo en la clase dirigente pública, privada o académica”.

Jorge Cabezas, otrora director de El Nuevo Día y Primera Hora, le catalogó como “perspicaz y asertivo”.

“La lucidez y la grandeza de los hombres memorables radica en esa magnífica combinación de talento sagaz y atención por los detalles. Solo los líderes innatos consiguen desplegar este registro personal con éxito. Don Antonio Luis fue eso y más. Atesoro sus enseñanzas. Fue mi mentor. Un maestro que más allá del consejo sabio, me permitió asimilar su experiencia”, indicó Cabezas.

Para el periodista chileno, don Antonio Luis condujo a su familia de modo ejemplar al tiempo que promovía caminar por la senda de la integridad, la solidaridad y el amor por los demás.

“Quien se atreve a fundar y sostener un medio de comunicación tiene una vocación periodística amplificada. Hay que tener valor para emprender en este campo”, agregó Cabezas.

Y esa vocación se reafirmó al defender la libertad de la prensa y se lucha por ella, según Cabezas, porque es un pilar fundamental de la democracia y “sin ella, solo nos cae la noche”.

Cabezas llegó a Puerto Rico hacia el 1997, por invitación de don Antonio Luis, para dirigir el entonces naciente Primera Hora. En aquellos años, en un momento dado, su patria le llamaba.

“Don Antonio Luis me llamó y me persuadió a seguir en la tarea usando como argumento un precioso poema de su maestro, Robert Frost. La poesía habla sobre un jinete que, en invierno, se detiene a contemplar las luces de su hogar a lo lejos, pero decide continuar su viaje porque tiene promesas que cumplir. Don Antonio Luis siempre avanzó. Y cumplió sus promesas para impulsar y proyectar lo mejor para su querido Puerto Rico”, sostuvo Cabezas.

Hace más de 25 años, la otrora secretaria de Justicia y jueza superior, Carmen Rita Vélez Borrás, también aceptó ser parte del proyecto impulsado por el empresario y filántropo.

“Don Antonio Luis me invitó a formar parte del Grupo Ferré Rangel como su asesora legal, advirtiéndome que, juntos, daríamos grandes batallas. Y no se equivocó”, indicó Vélez Borrás.

“Fueron muchas las batallas libradas en la defensa de los más caros derechos libertarios del pueblo de Puerto Rico”, agregó la letrada al describir a don Antonio Luis como “una alta energía de Puerto Rico”.

“Fue mi consejero, mentor y amigo. Brilló con luz propia en el firmamento político, cultural e industrial del país. Con su muerte llega a su fin una de las vidas más fecundas de nuestro tiempo. Corresponde ahora, a las nuevas generaciones que le suceden, mantener en alto las banderas del decoro, la dignidad, y la puertorriqueñidad que don Antonio tan valientemente enarboló a lo largo de toda su vida”, sostuvo Vélez Borrás.

Servir a otros, sin distinciones

El expresidente del Tribunal Supremo de Puerto Rico (TSPR), Federico Hernández Denton, coincidió con otros entrevistados al indicar que, probablemente, el legado más transcendental de don Antonio Luis a la sociedad puertorriqueña, y un acto “admirable”, fue la decisión de defender los derechos de expresión y la libertad de prensa en Puerto Rico.

Hernández Denton conoció al Antonio Luis joven. Para la década de 1970, don Antonio Luis presidió un comité para analizar los problemas del consumidor puertorriqueño y su padre, el gobernador Luis A. Ferré, nombró a Hernández Denton en ese grupo de trabajo. Aquellos esfuerzos dieron pie a la Administración de Servicios al Consumidor y posteriormente, a la creación del Departamento de Asuntos al Consumidor (DACO) cuando Rafael Hernández Colón ganó la gobernación.

“Una de las áreas que se regulaba entonces era el precio del cemento. Como secretario del DACO, como regulador de precios, empiezo a interactuar con Antonio Luis, el empresario, y una de las cosas que me impresionó fue que no cuestionaba el control de precio, lo entendía como importante y necesario”, dijo Hernández Denton. “Siempre abrió sus números para que el DACO pudiera hacer reglamentación. Eso era distinto a muchos empresarios que se negaban a entregar información. En ese sentido, sentó ejemplo entre los empresarios”.

Don Antonio Luis Ferré fue el director de campaña en la jornada victoriosa de su padre Don Luis A. Ferré en el 1968, y en aquella de la derrota ante Hernández Colón, en 1972.
Don Antonio Luis Ferré fue el director de campaña en la jornada victoriosa de su padre Don Luis A. Ferré en el 1968, y en aquella de la derrota ante Hernández Colón, en 1972. (Archivo)

Más tarde, cuando ocupó la presidencia del TSPR, Hernández Denton conoció al don Antonio Luis interesado por entender el alcance de la rama Judicial.

“Era un lector voraz”, dijo Hernández Denton al agregar que le constaba que don Antonio Luis leía las opiniones del TSPR.

Contó que a menudo, el empresario elogiaba la gestión cuando identificaba avances al interior de esa rama de gobierno.

“Creo que actualmente hay poca gente con el nivel de compromiso con Puerto Rico que tuvo Antonio Luis”, señaló el letrado, quien exaltó la capacidad del ponceño para identificar personas talentosas para colaborar en sus proyectos.

El tacto para los negocios

El compromiso, empero, a menudo resulta en soledad.

“Muchos se fueron, pero quienes nos quedamos fuimos solidarios”, dijo Miguel Nazario, otrora presidente de la Puerto Rican Cement, al hacer referencia a los años difíciles que también vivió el conglomerado Ferré Rangel.

Nazario se dedicaba a cerrar empresas manufactureras en la isla cuando, en un vuelo entre Boston y Puerto Rico, se presentó a doña Luisa Rangel de Ferré. La plática, en los aires, giró en torno al Museo de Ponce.

En tierra, semanas más tarde, un encuentro con don Antonio Luis fue el principio de sobre dos décadas de colaboración que, entre otras cosas, resultaron en el debut de la concretera en Wall Street.

“Allí no había discusiones de política, allí se hablaba de desarrollo económico”, narró Nazario, haciendo memoria de sus pláticas con don Antonio Luis.

En los tiempos no tan buenos, se apreciaban en la figura de don Antonio Luis, con más claridad, atributos que Nazario considera son poco comunes en los negocios.

“Cuando algo le preocupaba, llamaba para comentar, pero siempre de manera constructiva. Cada vez que hacíamos alguna cosa que se tornaba un éxito, lo reconocía mucho”, dijo Nazario, al indicar que don Antonio Luis siempre se mostró solícito con los trabajadores.

Relató que una vez, mientras visitaban una posible cantera en Vega Baja, luego de atender los asuntos que motivaron aquel recorrido, don Antonio Luis departió con los canes del lugar como si se tratara de personas. “Amaba mucho a los animales, a los perros, principalmente”.

Según Nazario, su jefe -con el tiempo, hecho amigo- tenía un balance que pocas veces se encuentra en una persona de negocios. La capacidad de trazar una visión y por el conocimiento de la operación, poner en marcha un proyecto y medir el desempeño financiero del negocio que ha emprendido.

“Como él, quedan muy pocos”, lamentó Nazario.

Abrir puertas a otros

Tal vez, ese talento para ver el éxito antes del proyecto y ser un hombre culto, entendido en asuntos de trascendencia mundial, fue lo que motivó a don Antonio Luis a respaldar a Miguel Soto-Class, cuando creó el Centro para Una Nueva Economía (CNE).

De acuerdo con Soto-Class, el éxito empresarial que tuvo don Antonio Luis, unido a su legado filantrópico, es algo que no se ha visto en el panorama puertorriqueño “en mucho tiempo”.

Y alcanzar la cima llama más la atención cuando el proyecto empresarial fue dar a Puerto Rico un periódico de récord, cuya cobertura refleja -a menudo- lo que a nadie gusta.

Don Antonio Luis Ferré fue un hombre de genuina sensibilidad y empatía con los demás.
Don Antonio Luis Ferré fue un hombre de genuina sensibilidad y empatía con los demás. (Luis Ramos)

“Imagino que recibía el mismo tipo de llamadas que recibo yo cuando decimos lo que nadie quiere oír. Eso requiere apoyar a un equipo y administrar una organización de manera muy particular. Es algo que poca gente entiende”, dijo Soto-Class desde Madrid, España.

“Cuando empecé CNE, mucha gente reaccionó bien negativamente… don Antonio Luis me entendió desde el principio y me apoyó”, dijo Soto-Class, haciendo referencia a la organización de análisis e investigación de política pública puertorriqueña que cumplió 25 albores el año pasado.

“Fue una persona bien de centro y no de extremos. Antes, esa cualidad no se apreciaba tanto, pero ahora que estamos en un Puerto Rico tan polarizado, es una de sus virtudes más importantes. Era una persona serena, que entendía bien los puntos del empresario y del trabajador y eso lo hemos perdido”, subrayó Soto-Class.

“Uno de los peligros a los que se enfrenta Puerto Rico ahora y que más me preocupa, más que la energía, que la deuda, es ver a personas en los extremos. Si hay algo que se debe emular (de don Antonio Luis) es eso, entender que en los extremos se hace daño, y donde se conversa y se puede trabajar en común es en el centro”, señaló el analista.

“Fue mi mentor”, indicó, por su parte, Richard L. Carrión, a quien el deceso de don Antonio Luis le sorprendió en Barcelona, España.

Carrión describió a un hombre que tenía “mucha calma, mucha paz”.

“Era difícil que perdiera su paciencia, escuchaba, sabía escuchar y tenía mucha curiosidad. Escuchaba todos los lados y luego llegaba a su decisión”, narró Carrión.

“Me aconsejaba mucho y me ayudó en esos primeros años cuando se dio la fusión del Banco de Ponce y Popular. Era una figura clave en esos momentos y fue fundamental”, dijo Carrión.

Carrión relató que, en una ocasión, sabiendo que le gustaba el mundo de la tecnología, le preguntó si interesaba ser parte de una compañía telefónica llamada Nynex. Esa empresa se fusionó con Bell Atlantic, convirtiéndose -en su momento- en la segunda proveedora más grande de Estados Unidos y años después, esa empresa se transformó en Verizon.

“Estuve 24 años en esa junta (de directores). Fue una experiencia de un valor enorme para mí, gracias a esa llamada de Antonio Luis que siempre estaba pendiente”, afirmó Carrión.

“Puerto Rico le debe mucho”, agregó el banquero.

El legado humanístico

En ello coincidió Jorge Iván Vélez Arocho, presidente de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico (PUCPR).

“La Pontificia no estaría donde está si no hubiera sido por el apoyo sostenido, decidido y serio de la Familia Ferré”, dijo el académico al subrayar que el exgobernador Ferré fue el gran mecenas de la PUCPR, un legado que creció con su hijo.

Según Vélez Arocho, aparte del apoyo financiero, don Antonio Luis procuró fortalecer la relación de colaboración entre la PUCPR y el Museo de Arte de Ponce porque el también filántropo valoraba muchísimo el poder de la educación.

“Era un aprecio por la educación, pero no solo por la formación profesional del individuo para que pueda hacer su trabajo sino la formación integral, en sus valores, en su espiritualidad”, manifestó Vélez Arocho.

De acuerdo con el académico, don Antonio Luis era “una persona visionaria”, que “vivía el presente mirando al futuro”, con un profundo amor por la tierra que le vio nacer y en especial, con “el convencimiento de las muchas posibilidades que tiene Puerto Rico”.

Para Vélez Arocho, el perfil innovador del ponceño –reflejado en sus empresas- y su apego a la calidad, al desempeño con excelencia, en lo complejo y lo sencillo, son atributos que debieran replicarse en el liderato que Puerto Rico necesita.

“Era una persona seria, mesurada, consciente de que en todo asunto hay luces y sombras”, expuso Vélez Arocho.

Además, prosiguió el académico, ver o escuchar a don Antonio Luis era descubrir a un ser profundamente humano, consciente de la importancia de la familia, un valor que transmitió a sus hijas e hijos, a quienes integró en los negocios y en las iniciativas filantrópicas.

“El ser humano tiene que ser congruente con su vida. No se puede actuar de una manera en una cosa y de forma distinta, en otras”, dijo Vélez Arocho.

Describió a don Antonio Luis como un ser consistente y congruente en la cultura, en los negocios, en la familia.

“Era una persona sin dobleces”, subrayó.

Ser instrumento antes que protagonista

Myrna Rivera, fundadora de Consultiva, echará muchísimo de menos al hijo mayor del gobernador Ferré y Lorenza Ramírez de Arellano porque era un hombre de empresa que soñaba con otro Puerto Rico.

La arquitecta financiera, quien, por años, asesoró a don Antonio Luis en la gestión de su caudal, explicó que, a menudo, los hombres y mujeres poseedores o custodios de patrimonios pierden sensibilidad porque “los mercados de capital son muy duros”.

“Claro que hablábamos de los mercados de capital, pero la conversación siempre terminaba, aterrizaba en Puerto Rico”, evocó Rivera al subrayar que don Antonio Luis se devoraba todo el material financiero que recibía.

Concluida la plática de tasas de interés, rendimientos y riesgos, la conversación que apasionaba era aquella en torno a qué hacer con los recursos que tenía a su alcance.

“Era una invitación a soñar, un fogueo de ideas, de pensar sin límites en cómo cambiar las cosas”, dijo Rivera.

Se refirió al hermano de la fenecida escritora Rosario Ferré, como “un puertorriqueño renacentista, visionario, jugador de equipo”, amante del arte y del estudio, de la cultura. “Siempre me recibía con un abrazo y una sonrisa”.

Según Rivera, por más de 50 años, don Antonio Luis fue uno de los pocos mecenas en Puerto Rico que dio continuidad y amplió el apoyo que recibieron múltiples organizaciones dedicadas a las artes, la educación y la labor comunitaria.

“Nuestra clase empresarial necesita entender con urgencia que es responsable de la gesta filantrópica del país… Don Antonio Luis fue un gigante en eso, con una sensibilidad extraordinaria”, dijo la también líder de ProArte Musical.

De acuerdo con Rivera, don Antonio Luis reunía las características de un hombre de estado y por ello, siempre entendió que era un hacedor de cosas, un instrumento, un canal para que otros avanzaran y nuevas cosas pasaran: desde la consolidación del Museo de Ponce como baluarte histórico-cultural y el apoyo económico a dos universidades hasta el calado que han alcanzado los Centros Sor Isolina Ferré, primero en la playa de Ponce, y luego, como guerreros de primera línea en la lucha contra la pobreza.

“Siempre digo que una vez descubres el talento que posees y lo monetizas, lo que hagas con ese dinero será el reflejo de tus valores”, dijo Rivera. “Con sus recursos, don Antonio Luis apoyó muchas causas y de paso, contribuyó a formar dos generaciones de periodistas dedicados, comprometidos. Solo eso, es un legado fundamental para Puerto Rico y todo lo hizo, con una sonrisa en los labios, con un empeño como pocos y desde la humildad”.

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