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Un 56% de las personas diagnosticadas con alzhéimer tenía más de 85 años. De ese grupo, un 68% padecía de hipertensión y un 40% eran pacientes con diabetes.
Un 56% de las personas diagnosticadas con alzhéimer tenía más de 85 años. De ese grupo, un 68% padecía de hipertensión y un 40% eran pacientes con diabetes. (Shutterstock)

Zheng, Matthews y Anstey son tres investigadores del Instituto Nacional de Investigación Neurocientífica de Sydney, Australia. Ellos realizaron un estudio que publicó en la revista Age and Ageing (2020) y resalta dos asuntos muy importantes. En primer lugar, concluyeron que las enfermedades cardiovasculares se asocian, por lo general, con una buena expectativa de salud mental (aunque reducen el tiempo de vida de un paciente). Sin embargo, una serie de condiciones de salud se identifican como “factores de riesgo” que pudieran afectar la salud mental: la diabetes, el infarto cerebral, las enfermedades cardíacas y la hipertensión.

El reconocido cardiólogo Pablo Iván Altieri, del Centro Cardiovascular de Puerto Rico del Caribe y catedrático en el Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, habló sobre este tema y confirmó los datos.

“Hay muchísimos estudios que se han realizado, tanto aquí como en Estados Unidos. Ahora bien, precisamente, en comparación con los Estados Unidos, Puerto Rico tiene un aproximado de 20% menos casos de enfermedades del corazón, y con todo y que sigue siendo la primera causa de muerte de hombres”, dijo Altieri.

“En comparación con otras etnias, parte de nuestra herencia africana nos ha fortalecido en ese renglón. Pero, hay que considerar también que aquí en la isla hay factores como la diabetes y la obesidad, que aumentan el riesgo”, explicó.

¿Cómo es la relación entre el corazón y el cerebro?

El psiquiatra José Franceschini Carlo está más que consciente que la correlación corazón-cerebro es importante y no puede descartarse.

“Pienso, y hay evidencia científica que lo sostiene, que la salud cardiovascular se afecta primero que el cerebro”, indicó. “Eso pasa porque ocurren unos pequeños derrames cerebrales que pasan mayormente por hipertensión o por arritmia cardíaca”.

Franceschini admitió que, de igual forma, hay personas con demencia que pueden tener episodios cardiovasculares. “Pero, es porque ya tienen un diagnóstico previo, no por la demencia en sí misma. Ahora bien, si dejan de tomar sus medicamentos para la demencia, ahí pudiera haber algún desbalance sistémico que produzca una respuesta negativa del corazón”, resaltó. En ese aspecto, Altieri concurrió con su colega Franceschini.

“Es importante resaltar que, como pasa con otras condiciones, no todo lo que parece es lo que parece ser. En otras palabras, cuando una persona tiene problemas con su memoria o comienza a comportarse de una manera inusual, se le pierden las llaves, se desorienta si está manejando, ya todo el mundo piensa que eso es alzhéimer y lo dicen como si fuera verdad, cuando no es así”, señaló el experimentado cardiólogo.

“Lo cierto es que ocurren esos microinfartos en el cerebro, que son causados porque hay problemas de acumulación de placas de colesterol en las carótidas. Entonces, esas placas se desprenden de las arterias y suben al cerebro, causando un daño que afecta sus funciones”, dijo Altieri.

Ahora bien, una persona que tiene una enfermedad cardiovascular a la que se suma un problema de demencia se afectará en ambos renglones. “Si tiene problemas con la memoria, o se desubica en tiempo o espacio, no hay duda que igualmente se le olvidará tomarse sus medicamentos. Para que eso no pase, va a necesitar que alguna persona se haga cargo de la persona y de su tratamiento”, insistió.

Alzhéimer, etnia y su efecto en el tratamiento

En marzo de este año, dos encuestas realizadas por la Asociación de Alzheimer de los Estados Unidos revelaron que, a nivel del cuidado clínico integrado para pacientes con esta condición y otros tipos de demencia, el origen étnico o la raza representaban una barrera para recibir mejores tratamientos y otras ayudas para mejorar su calidad de vida.

Algunos hallazgos son espeluznantes: un 39% de las personas identificadas como “hispanoamericanas” creen que su raza o etnia les perjudica a la hora de solicitar servicios de cuidado y apoyo, ya que se les hace más difícil. Dos terceras partes de la población afroestadounidense percibe discrimen por origen étnico o raza en la selección de sujetos para estudios clínicos sobre el alzhéimer.

“Eso es un problema serio”, opinó Altieri. “Precisamente, es nuestra herencia africana es la que predomina como parte de nuestros ‘genes protectores’—yo les llamo así porque esos genes nos hacen muy fuertes para manejar ciertas condiciones y problemas de salud, pero hay que cuidarse, alimentarse bien, hacer ejercicio y, sobre todo, hacerse sus chequeos anuales, porque la prevención es clave”, terminó diciendo.

Los últimos datos recopilados por el Registro de Alzheimer en Puerto Rico (Departamento de Salud, 2019) mostraban que un 56% de las personas diagnosticadas con alzhéimer tenía más de 85 años. De ese grupo, un 68% padecía de hipertensión y un 40% eran pacientes con diabetes. Un 62% de las personas diagnosticadas eran mujeres.

Sobre otros tipos de demencia, no se encontraron datos precisos.

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