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El cáncer cervical o de cuello uterino es el séptimo más común entre las puertorriqueñas.
El cáncer cervical o de cuello uterino es el séptimo más común entre las puertorriqueñas. (Shutterstock)

Rochellie Cortés Martínez acude, periódicamente, a su ginecólogo para que le realice los estudios para identificar y prevenir enfermedades. Sin embargo, hace unos meses, recibió una llamada en la que el especialista que la atiende le indicó que su prueba de Papanicolaou (Pap) había arrojado unos “resultados atípicos”.

A pesar de que su médico le respondió sus preguntas, a la mujer de 33 años, le costaba digerir el diagnóstico preliminar que acababa de recibir. En su búsqueda de explicaciones en internet, se topó con la existencia de una vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), causante principal del cáncer cervical.

En el caso de Cortés Martínez, los exámenes que determinan la presencia de esta enfermedad en el organismo resultaron negativos. Sin embargo, esta experiencia la motivó a convertirse en portavoz, entre su familia, amigas y compañeras de trabajo, sobre la vacunación contra el VPH y las visitas rutinarias a los médicos.

“Yo tengo cita para ponerme la vacuna y algunas de mis compañeras de trabajo que no han ido al ginecólogo desde hace cinco años acudirán y están pensando en ponerse la vacuna”, manifestó, durante un conversatorio organizado por VOCES Coalición de Vacunación de Puerto Rico y la iniciativa Las Voces de Rhaiza Vélez Plumey. Destacó que siente que salvó la vida de su hermana, pues esta última se inmunizó gracias a su testimonio.

El VPH es una infección de transmisión sexual que puede infectar las áreas genitales y el sistema reproductor de hombres y mujeres, como el pene, la vulva y el ano, así como las membranas de la vagina, el cuello uterino, el recto, la boca y la garganta. En algunos casos, este virus puede generar células cancerígenas.

Según el Departamento de Salud, el cáncer cervical o de cuello uterino es el séptimo más común entre las puertorriqueñas. Una de cada 91 mujeres que nacen en la isla podrían enfrentar esta enfermedad, de acuerdo con el Centro Comprensivo de Cáncer de la Universidad de Puerto Rico.

La Sociedad Americana Contra el Cáncer (ACS, en inglés) estimó que, durante este año, en Estados Unidos, se diagnosticarán 14,480 casos de cáncer en el cuello uterino y 4,290 mujeres morirán debido a esta enfermedad.

“Si tú, como madre, supieras que tu hijo o hija va a tener cáncer en 20 años y te dieron el poder de darle una pastillita para evitar que tu hijo o hija sufra de cáncer en el futuro, ¿se la darías?... Tenemos la herramienta para que esto (el diagnóstico) nunca pase”, dijo la hematóloga y oncóloga Anna Di Marco Serra durante el mismo conversatorio en el que Cortés Martínez compartió su experiencia.

La también especialista en tratamientos preventivos de salud femenina explicó que la vacuna contra el VPH se le puede administrar a niñas y niños desde los 9 y hasta los 26 años. Sin embargo, precisó que, si una persona considera que no ha estado en contacto con el virus, puede ser inmunizada antes de cumplir 45 años. “Esta vacuna funciona menos si ya has estado expuesto al VPH”.

Para los menores entre 9 y 15 años, se administran dos dosis con 60 días de diferencia, mientras que a las personas entre 16 y 45 años, se les aplican tres inyecciones: una, dos meses después y otra seis, ambas respecto a la primera dosis.

“Con una vacunación masiva, Puerto Rico, al ser tan pequeñito, podría ser el primer país en el mundo en erradicar el cáncer cervical”, proyectó Di Marco Serra.

La hematóloga y oncóloga destacó que el VPH no es sinónimo absoluto del cáncer del cuello uterino.

“El cuerpo logra eliminar el virus en algunas personas. En otras, se queda dormido, daña las células del cérvix y, en cinco o diez años, puede causar cáncer cervical”, explicó la especialista.

La abogada Rhaiza Vélez Plumey falleció, a principios de 2015, un tiempo después de compartir, con El Nuevo Día, cómo sobrellevó un tratamiento de cáncer cervical, tras contraer el VPH.

Desmitificar los tabúes sexuales

La exposición al VPH aumenta a medida que se comparten encuentros sexuales con distintas personas, apuntó Di Marco Serra. En cuanto a las mujeres, la probabilidad de contraer cáncer de cuello uterino “se duplica, si comienzan a tener sexo antes de los 18 años”. Por tanto, recalcó el uso indispensable de profilácticos.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés), el VPH es la infección de transmisión sexual más frecuente en Estados Unidos y, a pesar de que se contrae con mayor frecuencia a través de los encuentros vaginales y anales, también se puede adquirir mediante el sexo oral.

La excirujana general de Estados Unidos Antonia Coello dijo que “20% de nuestros hombres y mujeres practican el sexo oral para evitar el embarazo sin darse cuenta de que, a largo plazo, pueden tener el VPH”.

Añadió que cerca del 11% de las adolescentes practican el sexo anal para evitar embarazos y porque creen en el mito de “la virginidad”, pero están exponiendo al virus.

La exfuncionaria enfatizó que esta infección se puede contraer sin la necesidad de una penetración, pues solo basta con el intercambio, entre los tejidos, de fluidos producto del encuentro sexual.

“Una muerte innecesaria por falta de educación y por los tabúes de la sociedad no se debe tolerar más en Puerto Rico… Vamos a prometer que el 80 % de nuestros niños van a ser vacunados en los próximos diez años. No habrá un cáncer (cervical) que no haya sido prevenido”, sentenció Coello.

Fenómeno invisible

A pesar de que el 80% de las personas puede estar en contacto con el VPH, este virus, en algunas ocasiones, no presenta síntomas hasta el desarrollo de las células cancerígenas.

“Yo tengo esta infección, y la puedo tener por varios años. Si no me hago mi prueba, no voy a saber que la tengo y, en ese lapso, es que se desarrollan los cambios precancerosos y luego el cáncer. Esto (cáncer) toma varios años, y, por eso, se puede detectar y prevenir mediante el seguimiento (médico)”, detalló la ginecóloga y oncóloga Ingrid Ramírez Díaz.

Recomendó que las mujeres, entre 21 y 29 años, se realicen una citología vaginal o Pap cada tres años. Esta prueba detecta células anormales en el cuello uterino que podrían provocar cáncer cervical.

De igual forma, subrayó que, desde los 30 hasta los 65 años, las mujeres pueden elegir entre continuar haciéndose el Pap cada tres años o utilizar la muestra extraída, cada cinco años, para determinar la presencia activa del VPH.

Ramírez Díaz señaló que estos estudios pueden ser más o menos frecuentes, dependiendo de los resultados.

“Si sale algo atípico en los exámenes, su ginecólogo o ginecóloga le va a hablar, posiblemente, de una biopsia. Si la biopsia detecta un cambio precanceroso, dependiendo de la edad del paciente y ciertos factores, quizás hay que hacer algún otro procedimiento adicional y una biopsia más grande”, sostuvo la especialista en cáncer del aparato reproductor femenino.

Ramírez Díaz precisó que los síntomas de cáncer del cuello uterino son el sangrado vaginal atípico, en especial cuando se presenta después de un encuentro sexual o tras atravesar la menopausia. Asimismo, puntualizó que las mujeres deben estar atentas a las secreciones vaginales inusuales o algún dolor pélvico persistente.

Según la ACS, el cáncer cervical se diagnostica, “más frecuentemente”, en mujeres entre los 35 y 44 años de edad. Más del 20% de los casos se detectan en mujeres con más de 65 años, pero, en menor proporción, en aquellas que cumplen con sus controles rutinarios.

“Lo más que quiero enfatizar es que (el VPH), inicialmente, no presenta síntomas, y, por eso, es importante la vacuna, las pruebas Pap con VPH y su cita anual con el ginecólogo”, subrayó Ramírez Díaz.

Alimentación como tratamiento

Además de los tratamientos disponibles para atender el cáncer, la alimentación es fundamental para la recuperación de los pacientes.

“Hay efectos secundarios que están relacionados con el tratamiento como náuseas y fatiga, y, con frecuencia, estos síntomas hacen que (el paciente) pierda el interés en la comida. Por esta razón, todos los pacientes deben ser evaluados para saber si necesitan o si pueden beneficiarse de una terapia nutricional”, puntualizó la nutricionista y dietista Michelle Carrillo Russe.

“La terapia nutricional reconstruye y apoya a la función inmune, preserva la masa celular corporal, reconstruye el tejido corporal, disminuye el riesgo de infecciones, mejora la tolerancia al tratamiento y reduce el tiempo de recuperación después de un tratamiento”, añadió.

Además de la actividad física, Carrillo Russe instó al consumo de las vitaminas A, B, C, E y K. En cuanto a los minerales, recalcó la ingesta de calcio, hierro, yodo, hierro, zinc y magnesio, así como los alimentos altos en proteínas y grasas insaturadas.

“Toma acción, toma control, vacúnate, riega el amor, riega la voz y que no muera una mujer más”, concluyó la también educadora en diabetes.

En el caso de Cortés Martínez, cuyo testimonio motivó a amigas y familiares, unos resultados preliminares atípicos no solo la motivaron a instruirse sobre el cáncer cervical, sino que la instaron a convertirse en una portavoz sobre el cuidado de la salud femenina.

“Yo vi y escuché el legado de Rhaiza Vélez Plumey y pude interpretar el mensaje contundente que nos dejó: párate y muévete”, apuntó.

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