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Es en la niñez y en la adolescencia cuando se forman las ideas y las creencias sobre quiénes somos y quiénes son los demás.
Es en la niñez y en la adolescencia cuando se forman las ideas y las creencias sobre quiénes somos y quiénes son los demás. (Shutterstock)

La equidad es tener igual trato para las personas, no importa su color de piel, estatura, sexo, orientación sexual, clase social, religión, entre otras diversidades. La aceptación y el respeto implican no juzgar ni definir a las personas de manera positiva o negativa a partir de alguna característica, rasgo, condición o conducta.

Las acciones, por ejemplo, no definen a la persona. Si la persona comete un error, eso no quiere decir que es un error, y si ha tenido logros en un área, no implica que nunca se equivoca. Si una persona de estatura alta se cae, no implica que todas las personas altas, por ser altas son débiles y torpes, y se caen. Es decir, no debemos llegar a conclusiones sobre quién es la persona, basándonos solo en un aspecto.

Por otro lado, la equidad no requiere que seamos iguales, sino que los derechos civiles y el derecho a ser feliz aplique a todos y si no les enseñamos estos principios a los niños, luego, cuando alguien se burle de ellos y los rechace, ellos sufrirán al entender que su diversidad justifica ese maltrato.

Los padres y los cuidadores siguen siendo las personas de mayor influencia en los niños. Es en la niñez y en la adolescencia cuando se forman las ideas y las creencias sobre quiénes somos y quiénes son los demás. Esas creencias se pueden modificar en la adultez, pero el proceso es muy trabajoso.

Por ende, lo ideal es promover la equidad y la aceptación de la diversidad desde la niñez temprana. Mientras más pequeños, mejor será.

Para empezar, los niños no nacen con ideas y creencias de quiénes son ellos y quiénes son los demás. Estas creencias las aprenden, ya sea por lo que observan en la conducta de rechazo o aprobación, lo que escuchan en comentarios que se expresan en su presencia o por lo que les enseñan directamente a ellos.

Mientras más pequeños los niños, más sencillo debe ser el mensaje. No utilices oraciones largas ni le dediques mucho tiempo. Lo importante es que les expliques que somos diferentes, pero no valemos menos, y corregirlos al escuchar algún comentario equivocado.

Si el niño expresa algún prejuicio o comentario despectivo de alguna persona o niño, probablemente lo está repitiendo sin entender el mensaje. Corregirlo es algo sencillo. “Lo que estás diciendo no es verdad, no es correcto no es así, los negros no son personas malas porque sean negros”, por ejemplo.

Los prejuicios provocan miedo y justifican el rechazo, la burla y el discrimen. Si los niños no conocen de cerca a la persona o personas diversas, pueden tomar por cierto lo que otros les dicen.

Por ejemplo, conocer de cerca a personas homosexuales les permite descubrir otros elementos de la persona, más allá de su sexualidad.

Si los cuidadores o los padres se relacionan con personas diversas, los niños tendrán la experiencia personal y directa que les ayudará a rechazar expresiones de prejuicios de sus amiguitos o de adultos en su entorno.

En la adolescencia surgen múltiples ocasiones para educar y para promover la aceptación y el respeto. Los adolescentes tienen mucha exposición a creencias y prejuicios a través de las conversaciones con sus pares y amistades.

Los padres siguen teniendo mucha influencia, pero, ya en esta etapa, sus amistades y lo que ven en las redes tiene mucho impacto. Sin embargo, si desde la niñez el respeto ha sido inculcado, ellos pueden servir de líderes al rechazar la burla y las conductas de rechazo y discrimen.

La aceptación por otros adolescentes es muy importante en esta etapa. Es un tema muy sensible y puedes aprovechar para educarlos. Cuando te hablen de sus encuentros y experiencias con amigos y con pares, puedes aclararles las ideas y los prejuicios sin que suene a regaño o rechazo.

Es importante aprovechar esos momentos para decirles de manera directa, pero breve, porqué la creencia es equivocada y plantearles una visión distinta.

Si el mensaje de respeto y aceptación se inculca de manera consistente, los niños y los adolescentes lo sabrán aplicar no importa la diversidad que ellos mismos vivan y no importa la presión de grupo y externa para ser partícipes de prejuicios y conductas discriminatorias.

Recomendaciones

  • Mientras más pequeños sean cuando los eduques, más fácil y rápido aprenderán.
  • Usa frases y oraciones sencillas al corregir las ideas, las expresiones y las conductas discriminatorias
  • No repitas bromas, burlas o chistes que tengan contenido racista, sexista, entre otros. Ellos lo aprenden de ti y lo repiten.
  • Puedes usar ejemplos sencillos para explicarles cómo las diferencias no nos hacen menos valiosos.
  • Cuando expresen prejuicios, corrígelos en el momento, con firmeza y explícales cuál es el error.
  • Comparte con personas diferentes a ti; permite que conozcan de cerca cómo son y los aprecien.

La autora es la directora del Departamento de Psicología de la Universidad Ana G. Méndez, en Gurabo.

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