Brenda Torres Barreto
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Día del Planeta Tierra: hacer las paces con la inversión resiliente

Puerto Rico vive la gran paradoja del cambio climático; su alta vulnerabilidad ante el cambio climático atrajo billonarias asignaciones de fondos federales para una reconstrucción que ignora las proyecciones de impactos futuros. Aparte de los $80,500 millones asignados para los esfuerzos de recuperación de los huracanes, terremotos, la pandemia de COVID-19 y la emergencia climática, tenemos en nuestro horizonte proyectos magnos de desarrollo de infraestructura. Los de más envergadura, como son las canalizaciones de ríos y dragados de cuerpos de agua, son posibles por la devastación causada por el huracán María. Sus diseños, sin embargo, atienden una urgencia y realidad del pasado exacerbando aún más la vulnerabilidad actual de nuestra isla.

Este tipo de inversión es el ejemplo opuesto al llamado de las Naciones Unidas en ocasión de celebrarse el Día del Planeta Tierra, hoy, viernes. La consigna para este año tiene resonancia particular para este periodo que vive la isla: Invertir en nuestro planeta, bajo el lema “todos somos responsables”. Este mensaje habla de invertir en soluciones justas y de la responsabilidad compartida.

Todos deberíamos lograr que los fondos se inviertan en un desarrollo integrador para responder adecuadamente a los efectos del cambio climático. Tenemos la responsabilidad de poner la tecnología, la inteligencia y la voluntad en función de comunidades, ciudades y de un país de balances. Necesitamos invertir en un país en el que el urbanismo armonice con los recursos naturales; en el que los ecosistemas naturales sean valorados como activos que brindan servicios indispensables a nuestra salud, seguridad y calidad de vida, a un costo menor. Debemos invertir en una infraestructura resiliente que incorpore estos ecosistemas naturales en favor de la protección y eficacia de los sistemas de agua, energía y transporte.

Por lo tanto, los proyectos que actualmente cuenten con fondos federales y estén listos para comenzar deben ser, simple y llanamente, reevaluados y expuestos al proceso de análisis de la Ley Nacional de la Política Pública Ambiental. No es justo que aceptemos proyectos de infraestructura en nuestra isla que jamás serían aprobados en otras jurisdicciones de los Estados Unidos. Proyectos que no están a la altura de nuestros tiempos.

Para ponerle nombre y apellido a uno de estos proyectos, la canalización del Río Piedras debe ser repensada. El Departamento de Recursos Naturales y Ambientales de Puerto Rico debe solicitar al Cuerpo de Ingenieros de los Estados Unidos que su equipo de “Ingeniería con la Naturaleza” les presente un diseño alterno que incorpore infraestructura natural y consideraciones de impacto a ecosistemas de importancia nacional. La razón por la cual dicho proyecto de canalización debe ser revisado estriba principalmente en que es anacrónico. La evaluación de su diseño no considera la dinámica social y económica actual de la región. Tampoco contempla el alza en el nivel del mar, la recurrencia de eventos atmosféricos severos en esta región, ni el grado de impacto que la inyección de sedimentos y contaminantes a altas velocidades tendrá en los ecosistemas estuarinos de la Bahía de San Juan. Grupos como la Alianza por la Cuenca del Río Piedras han comunicado esto a agencias federales, estatales y municipales.

Vista del Río Piedras, cerca de la urbanización University Gardens. El proyecto de canalización debe ser revisado porque su diseño no considera la dinámica social y económica actual de la región, opina Brenda Torres Barreto
Vista del Río Piedras, cerca de la urbanización University Gardens. El proyecto de canalización debe ser revisado porque su diseño no considera la dinámica social y económica actual de la región, opina Brenda Torres Barreto (LUIS R. VIDAL)

Hasta tanto el gobierno federal y estatal no hagan las paces con la realidad climática extrema a la cual estamos expuestos, continuaremos construyendo proyectos miopes; que no aportan – sino que entorpecen – la transformación hacia una isla resiliente para futuras generaciones.

Reconozco que adoptar los cambios de visión, diseño y la forma de hacer negocios que conlleva reconocer la realidad climática evidenciada científicamente puede resultarles difícil a muchos. Sin embargo, es la mejor inversión, pues solo el que incorpore esa información en sus planes de negocio saldrá airoso y aportará al fortalecimiento de su entorno actual y futuro.

En estos días que nos invitan a valorar e invertir en las soluciones inteligentes para la vida en el planeta, asumamos toda la responsabilidad de acelerar las respuestas ante el cambio climático.

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