Antonio Martorell
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Brindar con maví

(Palabras de despedida del año 2020)

¿Cómo enterrar un año que nació temblando y fallece rugiendo, dando zarpazos a diestra y siniestra, moribundo y matando, aun así, discriminando, al ensañarse en los pobres de este mundo, los condenados de la Tierra?

El de esta noche no será el brindis del bohemio que la tradición limita al drama familiar. No. La humanidad toda queda huérfana en víspera de un nuevo año que, de nuevo, tan solo tiene el bautismo numérico, veintiuno, la mayoría de edad de este siglo nacido con mala estrella, eclipses democráticos, totalitarios meteoros que nos bombardean sin piedad, antediluvianas plagas y virus mortíferos, violencia generada por el odio irracional en razón de raza, género, religión y cualquier diferencia que amenace el sacro santo poder.

Este es un brindis amargo, más con maví que con champagne, una despedida de año cuya mayor esperanza es que se vaya ya, que queremos abrazarnos, quitarnos la máscara y besarnos como lo hemos hecho siempre en esta fecha, aunque el amor no requiera de calendario.

Si el verano del diecinueve fue rumboso y se llevó perreando la débil Fortaleza que pretendía gobernarnos, el descontento invierno del veinte acosado por los mismos males agravados por la pandemia, los herederos de la infamia, los ladrones de lo que queda del patrimonio nacional, nos fuerza a vislumbrar y forjar una valiente primavera ajena a promesas y amenazas con la autoridad de la desesperada esperanza en nosotros mismos, el deseo y la voluntad de subvertir el orden ajeno y la miseria institucionalizada.

No podemos resignarnos a la esclavitud del reloj y del almanaque. El tiempo es lo que hacemos de él. Los que nacen ahora recordarán la fecha de su nacimiento, pero nos toca a nosotros fabricarles un futuro, conservar nuestro menguado legado y gestar nuestra tan pospuesta libertad.

Brindo por ella. Por la que tantos han muerto sin conocer. Por esa libertad apellidada, adjetivada, mentada y mentida, prometida y aplazada. Por ella multiplicada, desglosada, tan parcelada y repartida que de ella no queda más que la palabra. ¡No! No la queremos ni asociada ni federada. ¡No! La queremos desnuda, pequeña y cálida, como una criatura recién nacida, como este balbuceante año que está por nacer.

Brindemos por la muerte de este año cruel y por la vida en libertad, la paz en el amor y la justicia en equidad. Brindemos agradecidos de las iniciativas comunitarias que evidencian el triunfo de la gestión independiente, por la representación política en desafío del bipartidismo, por la creatividad en el responsable cautiverio domiciliario garante de nuestros próximos caminos libertarios.

Brindemos porque la ilusión cobre cuerpo, la imaginación triunfe sobre el desencanto y el trabajo venza la desidia. Porque el yo y el tú crezcan a ser nosotros y la palabra patria, por fin, sea una realidad. ¡Brindemos!

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