•	La protección temprana funciona mejor. Antes de los 15 años los niños solo necesitan dos dosis de la vacuna y tres dosis hasta los 26. La vacuna se puede administrar desde los 9 años.
• La protección temprana funciona mejor. Antes de los 15 años los niños solo necesitan dos dosis de la vacuna y tres dosis hasta los 26. La vacuna se puede administrar desde los 9 años. (Shutterstock)

Desde su aprobación en el 2006, la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) ha probado su efectividad no solo en mujeres, sino también en un sector más amplio de la población.

De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) entre 2006 y 2015, 224 millones de dosis se distribuyeron en el mundo. En un lapso de poco menos de 15 años, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, en inglés) ha ampliado el rango de edad para su uso. Así, en el 2006, fue aprobada para niñas y mujeres entre los 9 y los 26 años, y, más adelante, en el 2009, se aprobó también para los varones entre esas edades. Una nueva aprobación, en el 2014, incluyó a los varones entre los 9 y los 15 años, y, un año más tarde, en el 2015, se amplió a los varones entre los 16 y los 26. En el 2018, la vacuna se aprobó para incluir a hombres y a mujeres desde los 27 hasta los 45 años.

¿Qué implicaciones tiene la vacuna contra el virus del papiloma humano en la salud pública y en la prevención? Que no solo previene las verrugas genitales, tanto en hombres como en mujeres, sino que, más importante aún, previene los tipos de VPH que causan la mayoría de los casos de precánceres y cánceres del cuello uterino, así como los cánceres de vulva, vagina, ano, pene y algunos de cabeza y cuello (incluyendo orofaringe).

El Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP, en inglés) mantiene sus recomendaciones sobre las edades de vacunación entre los 9 y los 26 años, en ambos sexos. También existe una aprobación de vacunación de la FDA para aquellos hombres y mujeres entre los 27 y los 45 años que no fueron vacunados en su momento. En estos casos en particular, es importante que los individuos tengan una conversación con sus médicos para evaluar sus factores de riesgo y posibilidades de contagio, y tomar una decisión informada sobre si la vacuna contra el VPH es una opción para ellos.

“Debe ser una discusión individualizada con el paciente para hacer la recomendación”, dice la doctora Érika Benabe, ginecóloga con consulta en Cupey, al destacar que, cuando la vacuna se aprobó hasta los 26 años, se hizo tomando en cuenta el mayor riesgo de contagio que surge en esas edades.

“Recalcamos que debemos inmunizar a los 11-12 años, porque queremos prevenir antes de que comiencen a tener ese contacto sexual. Muchos pacientes, a pesar de que han empezado la actividad sexual quizás para los 18 o 19 años, a lo mejor han tenido la suerte de no haberse contagiado y están a tiempo para vacunarse y prevenir por completo; pero, hay otro grupo que quizás se contagió con una cepa, pero todavía tiene el beneficio de prevención para las otras ocho cepas [contra las que previene la vacuna]”, subraya Benabe.

Ponerse al día es posible

“Entonces, es que ahí es que utilizamos el término de catch-up (ponerse al día)”, apunta la ginecóloga, para agregar que, aunque la meta de la inmunización primaria consiste en “vacunar a la persona antes de que haya sido expuesta al riesgo de infección, en aquel que no se pudo vacunar, ahí es que hacemos el catch-up”.

“¿Por qué, para mí, es importante tener la posibilidad de decirle a mis pacientes que hasta los 45 años tienen esa oportunidad? Pues, porque quizás mi paciente ha tenido parejas sexuales, pero, se divorció y va a tener una pareja nueva y hasta el momento no se ha contagiado o, si se contagió, tiene una cepa y quizás no tiene otra; puede que esa paciente quiera discutir el riesgo y el beneficio de vacunarse, y prevenir para un futuro contacto sexual. Yo creo que es justo y razonable que le demos ese beneficio a una paciente”, abunda enfática, mientras expone que, ese mismo pensamiento incluye a los varones que no han sido vacunados.

“Todas esas poblaciones, incluyendo a los varones que entraron luego en la dinámica [de vacunación] son poblaciones de catch-up, que tenemos que rescatar en las visitas de cuidado primario, o si llegaron a la oficina por alguna otra razón. Nosotros [los médicos] tenemos esa responsabilidad. Tenemos que ofrecer esa alternativa para esa población que se quedó fuera porque no tenía las indicaciones en aquel momento o porque sencillamente no se vacunaron en el momento idóneo”, afirma.

Los varones también deben vacunarse

A pesar de que todavía existe la creencia de que a los varones no es tan necesario vacunarlos contra el VPH porque la probabilidad de que les dé cáncer es menor, la doctora Benabe hace hincapié en que ese varón vacunado “no solo se está protegiendo a sí mismo, sino que también está protegiendo a esa pareja de vida que él seleccione o a esas múltiples parejas que pueda él decidir tener”, pondera. Añade que ese beneficio es similar entre las parejas del mismo sexo o transgénero.

Al reconocer que en la isla se ha hecho un gran trabajo en levantar la voz de alerta sobre este tema, la doctora agrega que aún queda camino por recorrer y resalta que la edad ideal para vacunarse solo requiere la administración de dos dosis, mientras que de los 15 años en adelante solo requieren tres dosis de la vacuna. También hace un llamado a que los adultos hasta los 45 años evalúen sus conductas de riesgo de contraer el VPH y los beneficios que tiene la vacuna.

“Hay que evaluar los riesgos de exposición a ese virus de esa persona adulta para tener esa discusión después de los 26 años; los beneficios de la vacuna ya están probados; pero, después de los 26 y hasta los 45, conlleva una conversación basada en ese riesgo de infección en ese grupo de edad, la cual debe ser individual para cada paciente”, concluye la doctora Benabe.

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