El buque Nabarima está varado en el golfo de Paria, entre Venezuela y Trinidad y Tobago. (Agencia EFE)

Un posible derrame de petróleo desde el buque Nabarima, varado en el golfo de Paria –entre Venezuela y Trinidad y Tobago–, tendría efectos mínimos sobre Puerto Rico debido a la distancia entre la isla y el lugar de la emergencia, indicaron hoy, martes, dos expertos en asuntos ambientales.

Resaltaron, no obstante, que si llegase a verterse el millón de barriles de crudo que se estima hay en la embarcación, el desastre ecológico para Venezuela, Trinidad y Tobago y otras naciones cercanas sería “monumental” e “histórico”.

“Considero que el riesgo para Puerto Rico es menor. Por más que las corrientes lleguen y traigan, lo veo difícil. Obviamente, el impacto para las islas cercanas sería desastroso. Esas islas dependen del turismo, una actividad que se ha visto afectada por la pandemia de COVID-19. Si ocurre el derrame, cualquier intento de renovación (turística) sería falta para ellas”, dijo el exdirector de la División de Protección Ambiental del Caribe de la Agencia federal de Protección Ambiental (EPA, en inglés) y director del Capítulo de Puerto Rico de la Asociación Interamericana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental (Aidis), Carl Soderberg.

“Posiblemente, si ocurre del derrame, no nos llegue a nosotros, pero sí le va a dar duro a la costa de Venezuela y las islas al norte de esta. Yo supongo que, si ocurre el derrame, (la Organización de las) Naciones Unidas activará el protocolo que tiene para atender estos casos”, expresó, por su parte, Pedro Gelabert, también exdirector de la División de Protección Ambiental del Caribe de la EPA, expresidente de la Junta de Calidad Ambiental y exsecretario del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales.

Precisamente, Gelabert –quien estudió geología petrolera– fue parte del equipo de Naciones Unidas que elaboró, a principios de la década de 1990, el Plan Ambiental para el Gran Caribe, que incluye, entre otras cosas, un protocolo para atender derrames de petróleo en la región.

Gelabert integró el equipo como parte de la delegación de Estados Unidos, y fue invitado por su manejo exitoso, en 1968 y 1973, de los derrames de petróleo ocasionados por los buques Ocean Eagle y Zoe Colocotroni en aguas de Puerto Rico. Ambos incidentes sentaron las bases para que, a nivel mundial, se establecieran protocolos de cómo manejar este tipo de emergencias, incluyendo la reclamación de los gastos de limpieza y el costo del daño ambiental.

Al momento, el Nabarima –un buque de almacenamiento de crudo de la petrolera estatal venezolana Pdvsa– se inclina cada día más con el riesgo de zozobrar en el golfo de Paria, según medios locales citados por la Agencia EFE.

Ante esa situación, Gelabert explicó que el protocolo de Naciones Unidas establece como primera acción que se recupere todo el petróleo “antes de que sea muy tarde y se hunda”. La extracción se haría llevando otro buque al área de la emergencia.

“Si se hunde, lo ideal sería tratar de encapsular el área donde está emanando, como con una campana. Eso usualmente lo hacen buzos y la campana recoge el petróleo, que es más liviano que el agua, y lo sube a través de unos tubos. Entonces, se recupera en la superficie con otras barcazas”, dijo.

Como tercera opción, abundó, está la “limpieza directa” en las zonas afectadas, tal como ocurrió en Puerto Rico con los derrames de 1968 y 1973.

“Puerto Rico se puede activar y, de ocurrir el derrame, asistir con la logística y las gestiones de limpieza. Eso lo permite el acuerdo de Naciones Unidas”, dijo Gelabert.

“Es el momento de responder de forma intercaribeña y de tener solidaridad con Trinidad y Tobago y Venezuela”, recalcó Soderberg.